domingo, 27 de enero de 2008

Las Fuentes del Sil

Desi en la pradera próxima a Peña Orniz.

Las fuentes del Sil manan a unos 2000m de altitud, en la falda de Peña Orniz (2194m, próximo objetivo de Las cumbres de la Rua), alimentando los pastos que aún sirven de alimento a los rebaños de merinas que todos los veranos inician la Trashumancia desde tierras extremeñas hasta los prados babianos y tsacianegos.
La excursión a las Fuentes del Sil es objetivo principal para la mayoria de visitantes que llegan a la Cueta. Entre 6 y 7 Km hay que recorrer hasta alcanzar los orígenes del rio. El primer tramo, hasta la majada de Bustusil y la inmediata fuente de Bocanegra, discurre por un amplio camino [1].


El próximo punto de referencia en la travesía es la pradera del Cebolleo, desde cuyo punto más alto, puede observarse el Lago del Valle. Girando a nuestra derecha, y siguiendo el curso del rio por sendas estrechas y deshilachadas, llegaremos a una amplia pradera desde la cual podemos contemplar Motihiguero a nuestra derecha con la laguna de las verdes a sus pies, y a la izquierda el pico de Peña Orniz. Desde la pradera del Cebolleo hasta alcanzar las Fuentes del Sil, puede requerir 3 horas o más de marcha y cierto hábito de caminar.




Beatriz, Luis, Güei, Homer y Rua.


[1]Babia, Laciana, Alto Luna. Pueblos, Paisajes y paseos. Julio Alvarez Rubio. Edilesa 3ªEd.

domingo, 13 de enero de 2008

Las cumbres de la Rua (Nevadin Agosto 07)

Rua y Güei en el Nevadín (2082m)

Ire y Luis en la senda próxima al albergue.

La excursión desde Rabanal hasta la cumbre del Nevadín se inicia por el camino que sube hasta la braña de Cuvaxo. Después de recorrer aproximadamente 3 Km, tomamos el camino de la derecha que conduce al albergue, dejando la senda que conduce a Cuetonidio a nuestra izquierda.


Ire se abre paso en la espesura.
Rebasada la braña y el albergue, optamos por el camino de la derecha que nos conduce a escasos kilómetros de la falda del Nevadín por una amplia senda. Abundan los manantiales, pequeños saltos de agua y la flora típica del valle de Laciana.
A partir de este punto, las pequeñas sendas se van desvaneciendo hasta perderse en la espesura del bosque. Las pendientes son cada vez más fuertes, y en nuestro caminar hasta la cima, escondidos entre la maleza podemos encontrar gran cantidad de arándanos.

Atentos, porque estos suelos del Valle de Laciana esconden grandes tesoros ocultos (Que no se entere "El Padrino de Laciana"). Cuenta la leyenda que tras una maraña de piornos, están ocultas unas zanjas misteriosas labradas por los Romanos y la poza que llaman El Ouchadoiro, expresión antigua que los lacianiegos interpretan como Olla-de-oro (también como aulladero de lobos). Se creyó hace cien años que un berciano de aspecto melancólico había encontrado la olla-de-oro. Se cuenta que dos jóvenes pastoras lo vieron subir en primavera, a lomos de un caballo que portaba abultadas alforjas. El desconocido preguntó por la fuente verdadera de Los Brañones y hacia allá se encaminó. Al atardecer, cuando las rapazas bajaron intrigadas hasta el cercano manantial, el hombre triste se había ido dejando abandonados un pico y una pala junto a la tierra fresca de una poza reciente. Unos meses más tarde, los segadores gallegos que llegaron a Laciana, relataron que un hombre taciturno compraba sin cesar por todo el Bierzo casas y haciendas que pagaba con oro. Al parecer, durante muchos años había sido prisionero en África y, según se decía, una bella mora lo había ayudado a escapar poniendo en sus manos el plano de un tesoro oculto en estos montes de Rabanal.
También se interesaron los ingleses, que dejaron de buscar la olla después de haber excavado en roca un túnel de cien metros. Más tarde, tomó el relevo Ricardo García, vecino ilustre de Villablino, aficionado a la investigación geológica e histórica, anticuario, joyero, relojero y fundador de la empresa comercial precursora de la actual Librería Moderna. Esta especie de Indiana Jones lacianiego hizo escarbar, a base de pico y pala, algunos metros de galería durante el primer tercio del pasado siglo. Luego terminó dejando la concesión en manos de industriales alemanes que también ambicionaron descubrir la Vergoldete Topf. Pero, perdida la segunda gran guerra, los teutones desaparecieron de este país y de la Olla-de-oro nunca más se supo ... por el momento. Si el excursionista es precavido y porta candil y botas de goma, podrá aventurarse en el interior de una auténtica mina de oro. Si así lo hace, no olvide remover con sus manos las arenas sumergidas bajo los cien metros del arroyo interior y, cuando salga a la luz, ponga las palmas a secar al sol y pásmese de ver que refulgen como la ropa blanca que lavaban en su braña las mozas de Rabanal de Abajo.

La dificultad de esta caminata, iniciada desde el pueblo de Rabanal es bastante alta. Se recomienda llevar calzado adecuado y cómodo.

Luis-Güei, Ire-Rua y Toño en la cumbre del Nevadín.