Ire y Luis en la senda próxima al albergue.
La excursión desde Rabanal hasta la cumbre del Nevadín se inicia por el camino que sube hasta la braña de Cuvaxo. Después de recorrer aproximadamente 3 Km, tomamos el camino de la derecha que conduce al albergue, dejando la senda que conduce a Cuetonidio a nuestra izquierda.
A partir de este punto, las pequeñas sendas se van desvaneciendo hasta perderse en la espesura del bosque. Las pendientes son cada vez más fuertes, y en nuestro caminar hasta la cima, escondidos entre la maleza podemos encontrar gran cantidad de arándanos.
Atentos, porque estos suelos del Valle de Laciana esconden grandes tesoros ocultos (Que no se entere "El Padrino de Laciana"). Cuenta la leyenda que tras una maraña de piornos, están ocultas unas zanjas misteriosas labradas por los Romanos y la poza que llaman El Ouchadoiro, expresión antigua que los lacianiegos interpretan como Olla-de-oro (también como aulladero de lobos). Se creyó hace cien años que un berciano de aspecto melancólico había encontrado la olla-de-oro. Se cuenta que dos jóvenes pastoras lo vieron subir en primavera, a lomos de un caballo que portaba abultadas alforjas. El desconocido preguntó por la fuente verdadera de Los Brañones y hacia allá se encaminó. Al atardecer, cuando las rapazas bajaron intrigadas hasta el cercano manantial, el hombre triste se había ido dejando abandonados un pico y una pala junto a la tierra fresca de una poza reciente. Unos meses más tarde, los segadores gallegos que llegaron a Laciana, relataron que un hombre taciturno compraba sin cesar por todo el Bierzo casas y haciendas que pagaba con oro. Al parecer, durante muchos años había sido prisionero en África y, según se decía, una bella mora lo había ayudado a escapar poniendo en sus manos el plano de un tesoro o
culto en estos montes de Rabanal.
También se interesaron los ingleses, que dejaron de buscar la olla después de haber excavado en roca un túnel de cien metros. Más tarde, tomó el relevo Ricardo García, vecino ilustre de Villablino, aficionado a la investigación geológica e histórica, anticuario, joyero, relojero y fundador de la empresa comercial precursora de la actual Librería Moderna. Esta especie de Indiana Jones lacianiego hizo escarbar, a base de pico y pala, algunos metros de galería durante el primer tercio del pasado siglo. Luego terminó dejando la concesión en manos de industriales alemanes que también ambicionaron descubrir la Vergoldete Topf. Pero, perdida la segunda gran guerra, los teutones desaparecieron de este país y de la Olla-de-oro nunca más se supo ... por el momento. Si el excursionista es precavido y porta candil y botas de goma, podrá aventurarse en el interior de una auténtica mina de oro. Si así lo hace, no olvide remover con sus manos las arenas sumergidas bajo los cien metros del arroyo interior y, cuando salga a la luz, ponga las palmas a secar al sol y pásmese de ver que refulgen como la ropa blanca que lavaban en su braña las mozas de Rabanal de Abajo.
La dificultad de esta caminata, iniciada desde el pueblo de Rabanal es bastante alta. Se recomienda llevar calzado adecuado y cómodo.
Luis-Güei, Ire-Rua y Toño en la cumbre del Nevadín.
1 comentario:
Ire
La verdad es que la excursión no estuvo nada mal y las vistas son expectaculares...la pega es que cuando llegué a casa y me quité las botas se me pusieron los tobillos como botijos y con un dolor infernal y que todavía, después de casi 5 meses, tengo marcas en las piernas de alguna caida. Estais avisados.
Un beso
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